Amantes perversos

Amantes de su propia naturaleza que perversa con la melancolía del otro, ensucian el dolor y riegan su sangre por placer.

Gritan y dejan rastros de indecencia.
Muerden, desordenan y hieren.

Suben la intensidad y el volumen, sudan deseo, recorren sin pudor las partes maliciosas , y al terminar, sólo se dicen adiós con la mirada; para después… volver a empezar de nuevo.

Ausencia

Entonces avanzas sin dejar huella de tu ausencia. Y sin más, sólo veo un soplo de la arena fría que olvidó calentar el agua tibia de la orilla del mar.

Y así entonces, me desvaneces con las rocas húmedas que golpean mi entraña.

-¿Dónde estás? ¡Ya no puedo más con la carga de inhibir tu ausencia!

Te enamoras…

Te enamoras de alguien que intenta atrapar el inasible humo con sus manos,  quien no se cansa de fallar, y falla. Y derrumba todo el mecanismo mientras sólo piensa en subyacer a las venas, navegar por la sangre y volver inerte a mermar la ansiedad.

Te enamoras de quien quiere ser poeta, con bigardía en sus versos , con respuestas etéreas y dudas en la verdad. Quien todo lo dice con palabras calientes y abrazos fríos, y viceversa. La futura poeta en fracaso que mezcla ron con idilio y cree en la temporalidad.

Te enamoras del vigor y lo bravío, de la melancolía y la pasión. Escueta y libre que acertó a ti sin razón.

Sabes que me tienes

Tu mirada perversa se aleja de la mía,

tus manos están cansadas ya de tocarme,

tu cuerpo caliente se enfría,

se apresura a la marcha.

Decides irte,

quieres mirar,

tocar,

y calentarte con alguien más.

Y lo haces,

y yo también.

No es lo mismo sin ti,

pero me conformo,

me olvido.

Después regresas,

yo no digo que no.

Sabes que me tienes…

Suplicio

Siento y cargo con la culpa de una inocencia fingida,

llevo insípidos sabores de dolor bajo la lengua,

los árboles en mi mundo no son más verdes,

la sal del mar se absorbe en mis arterias,

intoxican mi cuerpo, calan y perforan.

Me ahogo en mentiras y falsedades,

me flagelan mis propias decisiones,

la piel está abierta de tanta aberración,

el limbo me cura las heridas,

el suplicio ha dejado ya de ser tortura.

El lobo de mis sueños está sacudiendo mi carne,

me está destrozando más,

actúa por instinto pero en el fondo me deshace solo a mí.

Me castiga su aliento,

me atormentan los latidos,

me daña la supervivencia.

Inexistente 

La siempre ausente,

bailando entre la nada,

volando en el infinito,

sobreviviendo a la incredulidad.

Perfumes de falsa benevolencia,

sensaciones de invisibilidad,

dilapidación de amor,

alcohol barato,

papel quemado en lo furtivo,

cosecha echada a perder.

El todo inerte de la inexistencia,

labios envenenados de bigardía,

trinchera fúnebre,

cementerio maldito,

tus poemas son epitafios

destinados a convertirse en maldad.